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viernes, 17 de mayo de 2019

Vetusta Morla, Los buenos

Los Buenos (Guillermo Galván) Las ganas de inventar y una tiza al cielo, marcarán la frontera de mi razón. Y un arsenal de paciencia y celos nos recuerdan: las chicas no pagan dinero. Y a la vez que lo sagrado siempre es pequeño tus fantasmas me pueden resucitar. Mi colección de angelitos negros nos recuerdan: tenemos lo que merecemos. Lo sé porque muchos ya se fueron y hoy sigo sus pasos al caminar. Y aquí tú y yo, solo quedamos los buenos, nadie nos enseña donde parar. No te asuste el desgastarme, soy eterno, y esas manos tan puras como el coral. ya llegará lo del cementerio y solo entonces lo mismo será que no serlo Lo sé porque muchos ya se fueron y hoy sigo sus pasos al caminar Y aquí tú y yo, solo quedamos los buenos, nadie nos enseña donde parar.


sábado, 11 de mayo de 2019

Luis García Montero, Dedicatoria

Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.


Luis Cernuda, He venido para ver.


He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.

He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.

He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.

He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.

Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;

Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.

Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo. 


martes, 7 de mayo de 2019

Luis García Montero, Las palabras rotas (extracto del libro que se publica el 9 de mayo)

infoLibre publica un extracto de Las palabras rotas, el último libro del escritor Luis García Montero, que publica la editorial Alfaguara el 9 de mayo. En este nuevo volumen, el poeta y director del Instituto Cervantes recoge artículos —algunos de ellos publicados en la columna semanal que mantiene en este periódico— y conferencias ligados por una temática común: la preocupación por la perversión del lenguaje y por la capacidad de las propias palabras y quienes la usan para revertirlo. "Para empezar a actuar", escribe, "en nuestra cocina o en la calle, debemos recuperar las palabras rotas por los poderes salvajes". 
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Verdad

Cualquier reflexión sobre el sentido de la poesía nos devuelve al famoso aforismo que estaba escrito en el templo de Delfos consagrado a Apolo: «Conócete a ti mismo». El ejercicio de conocimiento que supone la poesía es insepara­ble de un ejercicio de conciencia, un detenido interrogatorio sobre el yo, o sobre la mismidad, o sobre los procesos que nos constituyen como individuos.



Se trata de darse tiempo, de darse a uno mismo una opor­tunidad cuando parece que el conocimiento no puede dar más de sí. La emoción poética en la lectura y en la escritura permite vivir por un momento la armonía del mundo exte­rior (casi siempre hostil) y el mundo interior (casi siempre necesitado de salir de sí mismo para habitar la realidad). Nos emociona aquello que pone de acuerdo por unos instantes nuestra intimidad con las realidades que vivimos, ya sea en la alegría o en la tristeza. Las palabras adquieren así el valor de la tierra, de la lluvia recién caída, de la luz sobre la piel. Conseguimos vivirnos como verdad, ésa es la tarea del poema.

Pero si decidimos seguir por este camino, tenemos que ser muy precavidos con la palabra verdad. Está, y con razón, muy desacreditada porque todas las formas de poder han buscado legitimarse en la fundación de unas verdades que se han impuesto como valor natural, sentido común y di­námica de que la realidad debe ser así, es así y no puede ser de otra manera. El pensamiento contemporáneo se ha edificado como una sistemática y necesaria puesta en duda de la verdad. Marx, Freud, Nietzsche, el feminismo, el antico­lonialismo han necesitado abrir el mundo con sus sospechas de lo que se esconde en la moral y en la verdad. La confor­midad y la disidencia ante las verdades esenciales han de­ pendido mucho de los lugares ocupados en la jerarquía de la sociedad. La palabra poética enseña a dudar hasta de las cosas que merecen confianza, incluso de las cosas que
merecen ser tomadas por verdaderas, pero es que con mu­cha frecuencia se tiende a confundir los intereses del poder con la objetividad.

De manera que tenemos que ser prudentes con la palabra verdad y, si queremos rescatarla, debemos estar muy pre­cavidos. Poeta precavido vale por dos, es decir, poeta desdoblado en dos para tomar distancia de sí mismo en el esfuerzo de cumplir con Delfos: «Conócete a ti mismo».

Quien quiera acercarse a la palabra verdad no debe sentir­ se nunca en posesión de la verdad, sino procurar no mentirse, no acordar mentiras. Ya no basta sólo con oponerse a los dog­mas; resulta necesario cuestionar lo que respiramos como sentido común. Y para eso es importante dedicarse tiempo, un bien muy escaso y muy desacreditado en una época que naturaliza —y cada vez de forma más acelerada— que el tiem­po es una mercancía desechable. Hacerse dueño del tiempo requerido para preguntar y pensarnos, aprender a esperar al margen de los dogmas y los poderosos medios de control de las conciencias, es el primer requisito para volver a confiar
en la palabra verdad.

La verdad poética no es un dogma, ni una consigna, sino una experiencia pensada de vida. El pensamiento que no cree en verdades esenciales exige la honestidad de no asumir ninguna consigna por encima de la propia concien­cia. El poeta que se toma el tiempo necesario para elegir palabras, matices, perspectivas, toma en serio su propio yo, el deseo de hacerse dueño de su tiempo, su conocimiento y sus opiniones.

Es un acto de responsabilidad. Recordemos a Larra: «El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer». El desprestigio de la verdad, el fin de los relatos en el pensamiento neolibe­ral, no sólo alimenta el cinismo del todo vale, nada tiene importancia, nada se puede arreglar, sino también el domi­nio de las mentiras. El tiempo de la esperanza es proclive a las falsas promesas, pero la falta de esperanza nutre la mentira gobernante, como algo que no se puede cuestionar, y el cinismo que se desprende del ejercicio de su conciencia. Hay que mantenerse a resguardo de quien sospecha de la verdad sin ofrecer una alternativa de emancipación ante el poder. La crítica de lo que hay es muy limitada si no abre camino hacia otro horizonte. La verdad es también un compromiso ético de buscar la verdad. Una decisión: la verdad como búsqueda, la verdad como experiencia compartida con el otro, como proceso de descubrimiento y de respuesta, como voluntad de memoria de lo vivido. Ésta es la raíz de la escritura poética.

Imagino un paseo a la orilla del mar. El caminar solitario se siente hermanado con la naturaleza en el atardecer, el tiempo minucioso en el que los estados de ánimo se equilibran con el exterior. Los pasos tienen la lentitud de la conciencia que no quiere sentirse homologada.
 

El dogmatismo es la prisa de las ideas

Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.

Ésa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Ésa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.



miércoles, 24 de abril de 2019

Karmelo C. Iribarren, Las ciudades

Me gustan las ciudades, sus plazas,
sus calles, sus esquinas,
sentarme en la terraza de un bar
con un café delante
y dejar que pase el tiempo,
sin hacer nada, sin prisa,
observando esto y aquello,
y luego ir a alguna librería y revolver
un poco en los estantes,
y si hay río cruzar el puente
y repetir la misma operación al otro lado.
Me gusta estar solo entre la gente,
no ser nadie, no tener que ir a ningún sitio
pero poder ir a todos.
Me gusta la primera vez que me asomo
al espejo del baño del hotel,
ese momento de suspense,
recién llegado, cuando
no sabes si va a aparecer tu rostro
o el del último huésped, atrapado aún
en la memoria del azogue.
Me gustan los parques y los ríos
urbanos, pasear por ellos, a su lado,
especialmente en otoño.
Me gustan las ciudades, sí: andar,
mirar, vivir, enamorarme
de esa mujer del vestido rojo…


José Hierro, Destino alegre


Nos han abandonado en medio del camino.
Entre la luz íbamos ciegos.
Somos aves de paso, nubes altas de estío,
vagabundos eternos.
Mala gente que pasa cantando por los campos.
Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos,
cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo
que comprenda la viva razón del canto nuestro.

Vivimos y morimos muertes y vidas de otros.
Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos.
Su hondo grito nos pide que muramos un poco,
como murieron todos ellos,
que vivamos deprisa, quemando locamente
la vida que ellos no vivieron.

Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces,
(Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.)
Mordemos las orillas, derribamos los puentes.
Dicen que vamos ciegos.

Pero vivimos. Llevan nuestras aguas la esencia
de las muertes y vidas de vivos y de muertos.
Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta
que hemos nacido para esto.


De Tierra sin nosotros (1947)

sábado, 6 de abril de 2019

Xoel López, Almas del norte

Otra vez
Están llorando los cristales
Más allá del norte no hay mucho que hacer
Ya lo sé
Sólo es una canción de invierno
Y quieres huir tan lejos
Que tienes miedo a desaparecer
Como las almas del norte
Bailaremos en la noche
Hasta que mueran todas las estrellas
Otra vez
Ahí fuera está empezando el día
Y nosotros no sabemos
Cómo terminar el nuestro
Ya lo sé
Hay un fantasma en tu casa
Y quieres huir tan lejos
Que tienes miedo a no poder volver
Como las almas del norte
Bailaremos en la noche
Hasta que mueran todas las estrellas
Como las almas del norte
Bailaremos en la noche
Mientras sangran nuestras almas negras
Como las almas del norte
Bailaremos en la noche
Hasta que mueran todas las estrellas
Como las almas del norte
Bailaremos en la noche
Mientras sangran nuestras almas negras


Autores de la canción: Xoel López García Cabezón
Letra de Almas del norte © Universal Music Publishing Group





Raquel Lanseros, A propósito de eros

De todas las terrenas servidumbres
que aprisionan mi afán en esta cárcel
me confieso deudora de la carne
y de todos sus íntimos vaivenes
que me hacen más feliz
y menos libre.

A veces, sin embargo,
la esclavitud se muestra soberana
y me siento señora del destino.

Porque sé amar, porque probé la fruta
y no maldije nunca su sabor agridulce,
porque puedo ofrecer mi corazón intacto
si el camino se digna requerirlo,
porque resisto en pie, con humilde firmeza,
el rigor de este fuego que enloquece.

En este fragor mudo en el que todos somos
rufianes, vagabundos, desposeídos y presos
no existen vencedores ni vencidos
y mañana no arrienda la ganancia de ayer.

Que no entre en la batalla quien sucumba
ante el rencor pequeño de las humillaciones.

Sabed, son necesarias descomunales dosis
de grandeza de espíritu y coraje
en las lides calladas de la pasión humana.

La recompensa, en cambio, es sustanciosa.

Ser súbdito tan sólo de la naturaleza,
no temer a la muerte ni al olvido,
no aceptarle a la vida una limosna,
no conformarse con menos que todo.


viernes, 5 de abril de 2019

Luis Alberto de Cuenca, Digo, dices...

Mírame, digo, ven a ver qué ocurre
en el país vacío de mis ojos,
en la desalentada pesadumbre
de mi cuerpo, en la noche de mi vida.
Sal de ti, dices, sal de tu silencio
deshabitado y dame una palabra
que me devuelva al mundo y me rescate
de este pozo de angustia y de amargura.
Mírame, sal de ti, dame el abismo
de tu amor, quémame, muérdeme el alma,
rómpeme, dale al viento mis cenizas.
Digo, dices, decíamos, diremos... 























Lukasz Breitenbach

Para las que han entrado tarde hoy...

Hoy he disfrutado mucho del TopGus repasando la trayectoria de Nirvana en el 25 aniversario de la muerte de Kurt Cobain. 

Metido en los acordes pensaba que la diferencia entre un punto y otro de la línea del tiempo es la vida o la muerte, o uno que se había tomado ya dos cafés y sus compañeras aún estaban horizontales o desayunando, quién sabe... 

Para vosotras el TopGus enlatado, Rapid y Polo. ¡Buen fin de semana!


lunes, 1 de abril de 2019

Rafael Sánchez Ferlosio



Rafael Sánchez Ferlosio, fallecido este lunes a los 91 años, era un maestro de los pecios, como él llamaba a los aforismos. He aquí algunas de sus frases más agudas:

"Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere".

"Los hombres matan, la poli abate".

"¿Quién soy yo para ponerle riendas, como a caballo propio, al que he de ser mañana?"

"¿De verdad que tiene usted raíces? ¿Y qué se siente? ¿No es desagradable?"

"Entre la injusticia de insultar al prójimo y la indignidad de sonreírle hay un discreto término medio: mirar a otro lado".

"El presente se pone en manos del futuro lo mismo que una viuda ignorante y confiada se pone en manos de un astuto y deshonesto agente de seguros".

"No hay que tener miedo: el mundo es fuerte y siempre vuelve a la normalidad".

"El que quiera mandar guarde al menos el último respeto hacia el que ha de obedecer: absténgase de darle explicaciones".

"La voz más pobre se hace siempre la más autoritaria: no consiguiendo ya ser entendida, tiene que resignarse a no ser más que obedecida".

"Cuando la acción se ha vuelto inercia y rutina, ya solo la omisión es resistencia, deliberación y libertad".

"Naturaleza y civilización... Pero, decidme: ¿qué es más naturaleza: un león persiguiendo a un antílope en el Parque Nacional de Tanganika o un gato persiguiendo a una rata bajo la luz de los faroles junto a la interminable pared del matadero?"


"El fascismo consiste sobre todo en no limitarse a hacer política y pretender hacer historia".

"El miedo a la muerte es lo que, al fin, hace a los hombres temer y acatar al Estado hasta la indignidad. Porque es una bestia que muere matando, todos la odian viva, pero más les aterra moribunda".

"Esto que llamamos España no tiene posible definición ni descripción. Es, como decía categóricamente don Jacinto, una pieza de museo".

El Periódico, JOSÉ LUIS ROCA (19-04-2019)